“A menudo consideramos una verdad por su forma psico-emocional o intelectual que adapta o complementa las necesidades del ego.
A menudo las verdades científicas se asemejan a slogans dogmáticos portadores de seguridad, esgrimidos en favor de la vanidad humana.
Cada ser ve las cosas de manera diferente, cada uno es único y acepta su verdad, que de hecho no es nunca la verdad de los otros.
Entonces, ¿qué es la verdad?
Es la aceptación de que cada uno ve su realidad según su nivel de consciencia, que cada uno tiene su verdad que no debe convertirse en un pretexto para la separatividad y para el debate, sino un estímulo para el intercambio, para el diálogo tolerante, para el enriquecimiento que de ello emane.
Cada ser humano se tiene en pie en este mundo gracias a su verdad. Agredir a un ser a golpe de demostraciones se muestra ser una dictadura intelectual y una manipulación.
Dejarle experimentar su verdad es permitirle re colectar el fruto agradable o desagradable. Así de esta forma él puede retirar su propia enseñanza y crecer a su ritmo.
Por lo demás, esta verdad humana es una ilusión necesaria ya que forma el manto sobre el cual una realidad superior se enraizará. Esta ilusión debe ser plenamente vivida e integrada para despertar a un más grande discernimiento. Esto forma parte del crecimiento del alma. Juzgar y corregir pueden llevar a un estancamiento del crecimiento dañino para el ser humano.
“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” decía el Maestro. La verdad que libera es aquella que no os incita a tomar partido, sino que al contrario, os lleva a instalaros en el centro del corazón que os habita.
Ella es una, indivisible y sin polaridad. Ella se expresa en vosotros a través de vuestros actos conscientes donde el hábito está excluído.
En este caso, todo vuestro ser refleja la autenticidad coloreada de una fuerza cuyo perfume es aquel de la maravillosa vulnerabilidad de un niño.
Convencer a otro lleva a una guerra mental y vuestra verdad es percibida como una mentira por la persona que no puede todavía ver una complementariedad.
La verdad de que hablo consiste en integrar hasta vuestros átomos vuestra verdadera identidad, es decir, que sois una réplica perfecta de la Divinidad. La verdad liberadora nacerá en vosotros cuando aceptéis el hecho de que todo es perfecto aquí y ahora en la obra del Creador: cuando ceséis de creer que sois un humano dependiente de las situaciones y que constatéis que creáis integralmente todo aquello que vivís hasta en los detalles más ínfimos.
En fin, cuando sintáis que vuestro prójimo es una extensión de Aquel que vive en vosotros mismos y por tanto experimentéis físicamente las sensaciones debidas a Su Presencia, entonces, os deleitaréis de la experiencia de vuestra presencia en el otro y de su presencia en vosotros. Seréis UNO, reconoceréis a un hermano o a una hermana bien amada detrás de las máscaras ilusorias del engaño.”