En el principio de todo estaba el Gran Ser lleno de alegría y de luz. Cantaba y bailaba dentro de su corazón. Pero en su inmensidad estaba solo, no tenía con quién compartir su música y su vida, que le brotaban dentro como una fuente cristalina.
Entonces pensó, y decidió, y dijo con su fuerte voz como fuego, que lo inundaba todo: que me nazcan un hijo y una hija, con quienes conversar y cantar y bailar juntos. De la sustancia de la tierra los formó, a él y a ella. Y al respirar, se llenaron con Su amor y Su sabiduría. El cuerpo de él y ella traía en su memoria toda la vida y muerte de los pequeños y grandes seres que antes de ellos en la tierra habían sido.
El Gran Ser, el Padre, les dijo: todo lo mío es para ustedes. Juntos iremos por los mundos sembrando nuestras semillas, protegiendo todo lo que nace y alegrando y enseñando.
Así nacieron en la tierra el hombre y la mujer. Y se amaron y engendraron sus propios hijos. Y conocieron y cuidaron a todos los seres de la tierra, del agua y del aire, tal como se lo dictaba la voz interior de su mente y de su corazón.
Podían no seguir esta voz, si así lo decidían, ya que el Gran Ser los creó como El, libres. Se sabe que algunos de los hijos, o nietos, o tataranietos, se rebelaron poco a poco y no quisieron obedecer las enseñanzas del amor. Dicen que tuvieron que asistir a otra escuela,donde los maestros enseñaban con miedo y castigos, y mucho dolor. Pero ésta es otra historia…
Noviembre 10, 2009 a las 2:00 am |
BLEBLE
Noviembre 10, 2009 a las 12:01 pm |
gracias por tu elocuente comentario