Me estaba yendo lejos, muy atrás, de regreso a las raíces. Los ojos del alma abiertos, iba sumergiéndome en esa profunda distancia. De pronto me ví, mendigo entre la multitud, empinándome para mirarlo y escuchar sus palabras. Ahí estaba el Maestro, brillando, despertando amores, asombro y también temores con su exacta palabra. Vi a Pedro, entre sus seguidores, tosco, áspero en su exterior, ferviente tratando de rodearlo y proteger su sombra. Imágenes por momento difusas, pero claro el sentir: era un mendigo, pequeño y mísero en mi harapo marrón, pero crecía por el camino que se abría en mi pecho.
Otra secuencia. Una habitación sencilla, entre unos pocos, recibiendo alguno de sus dones. Era un hombre muy alto, robusto, y su presencia irradiaba la fuerza de lo absolutamente real. Ya no me sentía mendigo. Inclinado ante él, estaba en mi corazón ordenándome caballero de alguna secreta orden. Y mi promesa, mi compromiso tan antiguo, me tiene atada por amor hasta el día de hoy, alrededor de 2000 años…
Es que el tiempo no existe por estos universos. Volviendo al centro de sí está todo presente, fresco y vibrante, y pleno de alimento.
Reflexiones derivadas:
Una primera duda, desde uno de mis compañeros de búsqueda. Cualquiera de nosotros idealiza haber estado con Jesús en aquel tiempo: no se tratará quizás de una ilusión, diseñada por el ego, que siempre busca sentirse orgulloso de algo? Es una duda lícita, para quien mira de afuera, para quien vive esta experiencia, es tal el profundo respeto que nos inspira el sentir en el que nos sumergimos, que no tiene sentido para nosotros. Como no tiene el más mínimo sentido cualquier atisbo de vanidad o de orgullo en estas regiones, es como si no respondiera esta parte de nuestro ser a esas tentaciones.
El ego siempre está inventando estrategias mediante las cuales sentirse engrandecido. Así, desde él será mucho más interesante descubrir que fuimos Napoleón, Cleopatra, Pitágoras, y así… Este es el camino de la locura. Desconfiemos, cada uno en sí mismo, cuando descubre esa infantil inclinación a la vanidad. Desde la Verdad de Jesús “el más grande será el servidor”. Cuando en la búsqueda aparece que hemos representado un papel importante a los ojos mundanos en algún momento de la historia, aceptémoslo con humildad, sabiendo que ha sido seguramente un difícil aprendizaje. No más valioso, sin embargo, que el de una pobre prostituta en algún lugar perdido, o un anónimo padre de familia esforzándose con todos los medios a su alcance para dar una buena vida a sus hijos. A los ojos del alma está todo presente, lo más “alto” y lo más “bajo”, iluminando nuestro camino actual hacia la completa luz. Vamos alertas peroconfiados, ya que el Maestro prometió “estaré con ustedes hasta el fin”.
Marzo 2, 2008 a las 11:52 am |
Ser testigo, ser el escriba que lleva el registro textual de lo dicho y sentido, me habilita:
Doy fe. Así fue, hace algunos años atrás, el instante en el que “recordaste” un minuto remontándote a dos milenios.
Te abrazo,
Vivi
Junio 14, 2009 a las 1:14 am |
osea dije fotos