Quénes somos, de dónde venimos, adónde vamos?
Dejemos estas preguntas básicas que se hace el hombre desde que ha amanecido en su búsqueda de conocimiento, ahí flotando en el aire, sin pretender una respuesta definitiva aún, ya que ha habido y habrá tantas respuestas como seres en busca de conciencia. Y asimismo en cada uno, tantas como etapas en nuestro infinito despertar. Decían los sabios que lo importante no es tanto la respuesta sino la pregunta, cuando va acompañada con un insistente compromiso de búsqueda de respuestas. Respuestas que nuestro sentir nos revele como “reales”, y dignas de fundar en ellas un hacer con trascendencia universal. Porque en cada uno, así mínimos e insignificantes como nos vemos, si tomamos en cuenta la perspectiva del universo y todos sus posibles seres vivos, y en la escala de la sabiduría todos los grandes maestros que han dejado su huella en las corrientes mentales que nos nutren, así pequeñitos e ínfimos, hay en nosotros la posibilidad de crear mundos. Y esta es una gran responsabilidad que no nos queda otra opción que asumir.
Partimos de una hipótesis: Cada uno de nosotros es mucho más de lo que su conciencia actual le presenta como su individualidad. Los límites de nuestra actual encarnación nos hacen difícil ahondar en profundidad para descubrir quiénes realmente somos. Una de las vías de acceso en esta búsqueda es a través de nuestras vidas pasadas, que nos permite reunir e integrar muchos hilos sueltos o enredados en nuestra existencia presente. Esto nos ayuda a comprendernos y al mismo tiempo a comprender a otros. Tomar conciencia de las causas y sobre todo no juzgarnos ni juzgar a nuestros hermanos. A la luz de nuestro pasado se relativizan nuestras estructuras rígidas que generalmente tienden a condenar, se amplía nuestro horizonte de valoración, y nuestro marco de referencia apunta realmente al universalismo.
Decimos “apunta realmente” porque no se trata de una postura teórica para la cual pretendidamente “está todo bien”, sino de una vivencia que crece de adentro para afuera, desde el sentir alumbrado por la razón. Esta vivencia, que se va afianzando de modo natural sobre la base de nuestras investigaciones, nos ayuda a comprendernos como seres en evolución. Así lo “bueno” y lo “malo” para una etapa evolutiva y para un determinado individuo no es algo absoluto, sino relativo a las necesidades de experiencia y aprendizaje en cada momento. Al vislumbrar las desconocidas causas y propósitos de cada vida, nos hacemos más respetuosos y conscientes de nuestra ignorancia, y más cuidadosos a la hora de poner a otros, o lo que es igual a nosotros mismos, en el banquillo de los acusados. Esto no significa que “vale todo”: cada uno en su interioridad, desde la verdad a la que ha llegado, va distinguiendo su exacta respuesta a las situaciones a que se enfrenta, que cada vez siente más la necesidad de hacerla ajustada y exacta, porque como decía Jesús “la puerta es estrecha” y lo que no “resolvemos bien” seguramente quedará como materia pendiente y se volverá a repetir…
Otra derivación importante de este trabajo con nosotros mismos es que nos hacemos más responsables, ya que nuestros actos presentes se descubren con una proyección más trascendentes que sus resultados en la vida actual. No será cuestión de “dejar para otra vida” un aprendizaje que nos está desafiando ahora. Con amor y comprensión se trata de vivir esta vida como si fuera la única, porque en esta exacta situación quizás realmente lo es, pero al mismo tiempo teniendo la certeza de que la bondad del Padre es infinita y nuestro desarrollo continúa, a través de muchos nacimientos y muertes.
En cierto sentido, a través de las regresiones, podemos sentir que la muerte no existe, al menos no en el sentido trágico en que comúnmente se la concibe. Nuestro ser es una continuidad a través de diferentes etapas y aprendizajes, y esto nos hace valorar aún más cada momento presente.
Demás está advertir que esta búsqueda no se puede hacer “de cualquier manera” ni por curiosidad, sino en un marco de comprensión y respeto. Nuestro grupo ha experimentado la regresión a vidas pasadas como un camino, entre muchos otros que a lo largo de treinta años hemos recorrido, para re-unir o re-ligar lo separado, para integrar y armonizar. Al individuo en sí mismo, y con la naturaleza y el prójimo. Mucho falta aún por desarrollar, pero sentimos que estamos en un intento real de conocernos a nosotros mismos. Uno entre tantos, ya que como decía Jesús, en la casa del Padre hay muchas moradas.
Mayo 14, 2009 a las 9:07 pm |
En relacion al informe quisiera saber (si es que la hay) una terapia de vidas pasadas, para conocer mis porques relacionados con la identidad, porque estoy en este mundo, porque no soy feliz, porque siento culpa de no ser lo que de chico me dijeron que tenia que ser, tener una carrera, trabajo, posicion economica, en fin lo que en una epoca se denominaba “ser alguien en la vida”. Porque no estoy conforme conmigo, etc. Saludos, Carlos
Junio 10, 2009 a las 8:23 pm |
Hola Carlos! Recién puedo leer tu comentario, estuve sin Internet. Te cuento que nosotros hemos seguido experimentando con esta búsqueda, aunque nuestro grupo es actualmente muy pequeño. No sé si llamarlo “terapia”, sé que hay gente que hace esto desde este enfoque. Nosotros intentamos esclarecernos cada vez más, para poder ser más auténticos y vivir en paz y con alegría, dentro de lo que se puede. Gracias por leerme y conectarte conmigo, un abrazo.